A mí no me importa la VERDAD
si esa VERDAD me quema y dice que soy
una piececita sin valor y sin importancia.
A mí no me importa la VERDAD
si en su nombre me arrebatan los momentos
más intensos, si en su nombe
me tapan los ojos, si en su nombre
mi corazón queda borrado
del mapa.
A mí no me importa la VERDAD
si con ella se enredan mis ilusiones y me las
rompen y me las desprecian...
¿A quién le sirve la VERDAD si para él
no existe la felicidad, el calor de un beso
o la fuerza de un sueño?
A mí me importa un bledo la VERDAD
si me hiela las venas y si me rebaja a la categoría
de marioneta.
A mí no me importa la VERDAD.
Si con ella no consigo entenderme
y no consigo mirar y respirar y salir y encontrarme
y profundizar y bullir con mi vida sin
restricciones que
me resequen
sin piedad.
No quiero una VERDAD que no cuente
con el aquí y el ahora,
que no se detenga
en cada ser
ni le dé valor,
ni le dé
valor.
Esa no será mi verdad.
Será mi verdad aquella
que me permita mirar al espejo
y disfrutar con mis ojos y mis arrugas.
Aquella que tenga en cuenta lo que siento
y lo que me motiva y lo que
alegra mi corazón.
...aquella que pinte de verde mi jardín...
No, a mí no me importa la VERDAD con mayúsculas. Si con ella
no puedo equivocarme, si según sus normas no se me permite
pensar, pensar y sentir.
No, no quiero verdades
que para mí son falsas.
No. Mi cuerpo reclama
su derecho a latir.
Y mis ojos su derecho
a llorar.
Y yo, entero, el gozo de
encontrar, y vivir,
mi verdad.
Ximo Segarra
Foto: Mónica